EL CREPÚSCULO DE LA CARNE Sobre la obra “Mi joven vida tiene un final” de Pablo Rotemberg

Por Carolina Bergero

Durante el mes de marzo de 2026, el Centro Cultural Borges reabrió las puertas de su sala “Infinito” para recibir las funciones de Mi joven vida tiene un final, el último trabajo de Pablo Rotemberg. Luego de un impactante estreno en noviembre de 2025, la obra marca el regreso del coreógrafo a las tablas como intérprete, poniendo en escena una reflexión descarnada sobre el paso del tiempo y la finitud de la juventud.

Registro de Mi joven vida tiene un final (2025) de Pablo Rotemberg en Centro Cultural Borges, Buenos Aires, Argentina. Fotografía por Paola Evelina.

¿Cómo logra el cuerpo resistir ante una sociedad de consumo donde el descarte es el núcleo de la época? Nombrando la violencia, la opresión, la soledad… sin volverlas “tema”, sino materia viva. Pablo hace Mi joven vida tiene un final con una lucidez feroz, incluso con humor. No hay violencia “porque sí”, hay necesidad, amor, mundo real metido en la escena. 

Al ingresar a la sala Infinito del Centro Cultural Borges el público atraviesa la escena a un pulso fúnebre y ceremonioso marcado por una sonata para piano interpretada por Pablo Rotemberg. No es obvio para el espectador a qué tipo de funeral está asistiendo, sólo podemos adivinar lo que va a devenir si se conoce un poco el trabajo del coreógrafo. Pablo, que está de espaldas al público, se presenta de manera misteriosa, vistiendo un delicado encaje negro brillante. Su cuerpo no siente cansancio alguno porque se alimenta de los jóvenes performers, Valentín Caringella y Ezequiel Posse. Ambos acompañan la escena cuasi inmóviles, vestidos de negro, con prendas que dejan entrever la veladura de sus pieles. Tras unos minutos de espera anticipada, cuidando el estadío intimista de la escena, Valentín despliega un canto lieder que contrasta lo delicado del inicio con lo roto de su final. Mientras lo vemos a Ezequiel sentado, esperando en la dura y fría sala con columnas devenida teatro. ¿Qué rol cumplen estas dos figuras jóvenes? 

Algunos minutos después, Pablo se presenta como Norma Desmond, la mítica protagonista de Sunset Boulevard, película dirigida por Billy Wilder en 1950. Norma es el personaje que interpreta Gloria Swanson, una estrella de cine a quien en la transición del cine mudo al sonoro, fue descartada de manera violenta por la nueva industria cinematográfica. En 1950, regresa a la pantalla protagonizando dicha película. Su personaje es justamente una actriz de cine mudo que quedó en el olvido y que sueña con volver a la pantalla, con un cuerpo ya envejecido. Esta resulta ser la válvula de escape para exhibir y espectacularizar un sentimiento tan íntimo como la degradación del cuerpo, la violencia física y social, el abandono, la muerte, la necesidad dolorosa de ser amado.

La simbiosis entre los guiños cinéfilos y las obsesiones personales de Pablo sobre el paso del tiempo en la propia vida y la decadencia de su cuerpo, nos pone a reflexionar sobre la aceleración del tiempo. El tiempo ya no es medido por la experiencia carnal: el tiempo está yendo a la velocidad de las máquinas. Ese tiempo no es nuestro; tiene que ver con el pasaje de energía por circuitos eléctricos, y esa es una velocidad muy rápida, y por eso nos sentimos constantemente desactualizados, con una angustia rara. La violencia se articula como la respuesta casi automática frente a la vejez, y esto va más allá de lo que sucede en nuestro país, donde cada miércoles los jubilados y jubiladas marchan en Buenos Aires y son reprimidos por el operativo policial de Patricia Bullrich. 

Registro de Mi joven vida tiene un final (2025) de Pablo Rotemberg en Centro Cultural Borges, Buenos Aires, Argentina. Fotografía por Paola Evelina.

Avanzada la obra, Pablo anuncia un “cambio de frente ideológico radical” y, con oraciones inaugurales del manifiesto futurista (principios del siglo XX), Valentín y Ezequiel realizan una coreografía de unísono perfecto. Pero lo que se despliega a partir de ello es un anti-manifiesto futurista lleno de ambigüedades desconcertantes. Representa un anti-intencionalismo tácito pero practicado: ¿Qué implica proclamar por la destrucción del pasado y brindar culto a lo nuevo; a la industria y la tecnología? ¿Acaso no se parecen estas ideas del siglo pasado a las ideas actuales?

Luego la escena cambia, trazando un movimiento pendular con referencia a la marcha comunista “La Internacional”, el himno de los trabajadores. Los tres intérpretes realizan nuevamente una coreografía quirúrgicamente ensayada. De esta manera, la performance comienza a tomar otro tinte: lo polarizado e indeterminado de estos dos textos son una confrontación deliberada con el mundo habitual. Un manifiesto suele representar la voz de una generación joven, enfrentada a un mundo con el que no está de acuerdo y en contra del cual quiere avanzar. Y estas ideas comunes son transmitidas en la obra con una energía joven y salvaje.

Así, la obra proclama no resignarse a no estar en el futuro. Entonces, nos devuelve la pregunta sobre qué vamos a hacer. ¿Nos resignamos a no estar en la foto del futuro?, como dice Lucrecia Martel (2025). ¿Es inevitable? ¿Y en qué se va a transformar la danza? Desde esta óptica, junto con el ímpetu de “sacar la voz desde las entrañas” como menciona Pablo en la entrevista que Dulcinea Segura le hace en el Ciclo Danza Presente, se proyecta un ánimo de emergencia y subversión.

Al salir de la sala, lo resbaladizo del miedo a la desaparición nos recorre las entrañas; la pregunta sobre el pasado y el futuro, entre lo viejo y lo nuevo, queda como la obra misma, vibrando en el presente.

En Rotemberg existe la voluntad de situarse fuera de las convenciones y también el deseo de explorar ciertos territorios hasta el límite: el cuerpo y la violencia; la vida y la muerte. Estos principios, los cuales lo han ubicado en un plano de resistencia, son los que proveen de substancia única a toda su obra.

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Qué: Mi joven vida tiene un final

Quién: Performers: Valentín Caringella, Ezequiel Posse, Pablo Rotemberg / Dramaturgia y dirección: Pablo Rotemberg / Diseño de iluminación: Fernando Berreta / Diseño sonoro: Matías Coulasso, Pablo Rotemberg / Diseño de vestuario: Ivi Zima / Producción: Rocío Alagastino, Carolina Bergero / Asistencia de dirección: Rocío Alagastino, Carolina Bergero, Candela Mosquera.

Duración: 55 minutos.

Cuándo: Jueves y Viernes de Marzo a las 20 hs.

Dónde: Centro Cultural Borges / Viamonte 535 / Espacio Infinito

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